Aun a esta hora, cuando ya el sol se ha ido y la noche escasamente se deja vencer con la luz de los faros en la calle, vestida de brillantes gotas de lluvia, aun cuando mi caminar es pesado, agotador y ligero.
Después de un día de cosas de grandes, de trabajo, de papeles y firmas, de seriedad que cubre sonrisas y bromas que luchan y se rinden.
Aun a esta hora recuerdo un telón colgado de la nada, de colores sin par, con nubes de algodón de azúcar, y ante el, justo en frente mío, el mas grandioso espectáculo de acrobacias aéreas, diez o tal vez mil golondrinas, de esas que llaman lluvia, como la que ahora hace que todo este brillante, como nuevo. De las que me hacían soñar con volar cuando era niño; en las tardes, allá en mi pueblo, en los muchos días que ya pasaron.
Yo encerrado atrás de un cristal, con una única salida que daba al mundo de los que no vuelan, los mortales humanos. Me negaba a mi realidad, a mas responsabilidad, a mas libros y cosas de grandes, me niego aun a esto.
Aun a esta hora sueño con volar bajo la lluvia o bajo el sol, que importa! Aun a esta hora, recuerdo el regalo de cinco o seis minutos que hizo que 24 horas valieran la pena.
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