viernes, 30 de septiembre de 2011

a escondidas.

La respiración se cortaba como queriendo ahogarme y tus labios ahí. El tiempo era corto como la distancia entre los dos, al fondo como una voz de muerte los números se escuchaban claros. Te quería mía. Le temía a todos, mis piernas querían llevarme al fin del juego, o a tus brazos, o a tus pechos firmes. Tanto deseo encerrado en tan poco espacio, una combinación peligrosa, el manto de la noche nos arroyaba, por un momento, solo hasta que aquellas puertas pesadas se abrieran, de seguro seguidas por un grito, ¡pillados¡ y después de él, la muerte. Todo el deseo en pausa, hasta que otra vez alguien, ni tu, ni yo, contara para correr a escondernos en aquel armario.

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