Hoy fue un día raro, demasiado para mi gusto, hoy despedimos por última vez a un gran amigo, un vacan, un ivancho como lo nombro su hermana o como nosotros le decíamos de cariño, hoy la ceremonia en su honor congrego mucha gente, más que la que se vería en un bar o en un cumpleaños del hombre, pero hoy nadie celebraba, nadie decía algo que no fuera un susurro no entendible. El silencio lo cubría todo, la tristeza y la rabia que solo se podía demostrar para sí mismo con un apretón de puños o negando con la cabeza algo que estaba justo al frente, que era cierto, pero que no queríamos creer porque sencillamente era increíble, inaceptable.
Partimos hacia un lugar que en su nombre al final se leía paz, en lo que parecía una carrosa de silleteros de Medellín, en la que para conseguir una silla me sentí atravesando un bonito bosque de flores cuidadosamente enterradas, organizadas, erguidas esperando su muerte, pacientes sin que hacer, sin que decir y la diferencia entre ellas y nosotros no era mucha; con relación a aquel acto, a lo que nos hacia allí reunidos. Empezaron a saltar comentarios con cierto sarcasmo hacia la vida, un humor grotesco, sutil, negro, a veces inocente que nos hacia incontrolablemente sonreír y a todos, algunos con las miradas perdidas entre las flores que esperaban adelante, otros con la mirada en el infinito frente que desdibujaba una persona, tal vez yo, que me sentaba más adelante, mientras reíamos alguna que otra lagrima intrépida se lanzaba desde la mirada a recorrer suavemente la mejilla; era de tristeza, de miedo no sé si por lo que estaba pasando o porque luego tendría que atravesar varias calles y tomar un par de buses para regresar al centro, donde se huele miedo, indiferencia donde una que otra mirada quisiera preguntar qué te pasa?, te ayudo?, pero son acalladas por el andar afanoso de las personas, por las citas, por el dinero? No sé, el caso es que ninguna vos lo pronuncio nunca.
Ya en el lugar la palabra se describia sola, un prado grande muy bien cuidado, recien podado y el en retosaban mas de aquellas flores erguidas esperando su cruel final, con agua suficiente para dos o tres dias, el frio y el sol eran sus nemesis, despidados las atacaban de frente, ellas como el mejor de los guardianes o de los periodistas cumplian con su cometido enbelleser tristemente el lugar, entre ellas caminamos no sabiamos hacia donde solo seguiamos unas formas humanas adelante en las que el negro era su mayor posesion, el luto. El sol en su inclemente pelea a las flores nos golpeaba fuerte, estaba enojado, bueno, asi lo sentia yo que bajo el negro de mi ropa, queria huir del calor, me picaba la camisa, pero mas de una vez el ivancho aguanto mi lora, mi piquiña, que importaba entonces la molestia de una prenda si era por un noble fin, era por la honra.
Como los aliados en batalla, desidimos llevar a muchas de las flores en sus tumbas portables; a lo lejos finalmente se vio que todos como niños alrededor de un carro de paletas, mas y mas se reunian, aquellas figuras de negro color ahora eran una gran mancha; nos acercabamos con sierto afan y cierto miedo, cada uno de nosotros queria nunca llegar a ese lugar, era oscuro profundo, era su ultima morada como el saserdote lo dijo, pero estamos acostumbrados a moradas comodas con muebles y esas cosas, esta era muy diferente; un rectangulo frio, oscuro, como diseñado a la medida de alguien o de muchos, hubo horaciones voces que como si existiera pena hablaban bajo, a menores decibeles que el sonido de las lagrimas asotando el prado, cada lagrima tenie una voz propia y cada una de ellas se hacia sentir como unica, reclamaba su lugar.
La despedida fue un tanto mas rara, hasta se escucho un grito de rabia hacia alguien, yo no aguante, me retire del lugar busque otro suelo para que mis lagrimas y mis puños muy apretados se dejaran caer, mis amigos estaban ahí erguidos como las flores pero al contrario que ellas con sus cabezas buscando una respuesta o una mano en el suelo alguien que los levantara o una voz que nos diera una esperanza, una explicacion tal vez.
Ivancho se quedo en su morada y las flores en su noble cumplimiento del deber, con él, firmes, bellas, fuertes. Nos alejamos de regreso a nuestras vidas, a las rutinas que escogimos y alguien con un aliento de felicidad momentaneo al estrellarse de frente con mas de aquellas flores organizadas, firmes nos animo a regresar con ellas al hombro como un estandarte que decia grande y en letras brillantes, TE QUEREMOS AMIGO, es el peso mas liviano que he llevado en mis brazos, el mas satisfactorio, el mejor, pisabamos unas palabras con otras, ya no habia nadie, él y nosotros y las risas producto de muchos recuerdos, de anecdotas, de escritos en piedra que nadie nunca borrara del alma.
En tu morada fria y onda te quedaste, Ivancho, pero es que tu casa en la que viviras por siempre esta en el corazon de cada uno de los que te queremos y te recordaremos orgullosos por siempre.
Despedimos hoy tu cuerpo, tu siempre estaras vivo.
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